Una moneda física de Bitcoin iluminada en tonos cálidos sobre una superficie oscura, con un rastro de luz en forma de huella digital que se extiende hacia la oscuridad, representando la trazabilidad de la red.

¿Solo los criminales usan Bitcoin?

Una moneda física de Bitcoin iluminada en tonos cálidos sobre una superficie oscura, con un rastro de luz en forma de huella digital que se extiende hacia la oscuridad, representando la trazabilidad de la red.

“Bitcoin es la moneda de los criminales.” Es una de las frases que más se repiten sobre Bitcoin, casi siempre sin datos que la respalden. El informe más reciente de Chainalysis, la firma de análisis de blockchain que gobiernos y agencias de más de 70 países usan para rastrear delitos financieros, cuenta una historia distinta: en 2025, Bitcoin representó apenas un 8% de toda la actividad cripto ilícita del mundo, frente al 72% que representaba en 2020. En este artículo revisamos qué dice exactamente esa investigación, de dónde viene la idea de que Bitcoin y los criminales van de la mano, y cómo se compara ese número con el lavado de dinero a través del sistema financiero tradicional.

¿De dónde viene esta idea?

Es difícil rastrear esta idea a un solo día o evento en específico. Pero creemos que es justo decir que buena parte de la asociación entre Bitcoin y el crimen nace de Silk Road, un mercado de la dark web que operó entre 2011 y 2013. Vale la pena ser precisos: lo ilegal en Silk Road no era en sí Bitcoin, sino muchos de los productos que ahí se vendían, principalmente drogas. Bitcoin funcionó como el método de pago del sitio — y de hecho, fue uno de sus primeros usos reales como dinero fuera de círculos técnicos.

Su fundador, Ross Ulbricht, fue arrestado en octubre de 2013 y condenado en 2015 a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, por cargos que incluyeron distribución de narcóticos y conspiración para cometer delitos informáticos. Como parte del caso, el FBI incautó cerca de 144.336 BTC directamente del hardware de su laptop, unos 28,5 millones de dólares al valor de ese momento.

El 21 de enero de 2025, el presidente Donald Trump le otorgó un perdón total a Ulbricht, cumpliendo una promesa de campaña hecha ante votantes libertarios y de la industria cripto. Durante años, ese sector había argumentado que la sentencia fue desproporcionada — Ulbricht nunca vendió las drogas directamente, solo operó la plataforma — y que buscaba enviar un mensaje que frenara el avance de las criptomonedas. Ross Ulbricht quedó en libertad tras pasar más de una década en prisión.

Esa incautación de 144.336 BTC suele contarse como evidencia de que Bitcoin sirve para el crimen. Pero es, en realidad, el primer caso público de lo contrario: fue la naturaleza rastreable de Bitcoin la que permitió a los investigadores llegar hasta ese dinero. Es una idea a la que volveremos más adelante, con un caso mucho más reciente.

Si quieres entender primero cómo funciona la red de Bitcoin (BTC) antes de seguir, ¿Qué es Bitcoin? La guía para principiantes explica desde cero su diseño y por qué cada transacción queda registrada de forma pública.

Lo que dicen los datos de Chainalysis 2026

Según el Informe de Delitos Cripto 2026 de Chainalysis, que analiza la actividad de todo el año 2025, el volumen total de actividad cripto ilícita alcanzó los 154.000 millones de dólares, un aumento del 162% frente al año anterior. Es una cifra que, leída sola, suena alarmante.

Pero ese mismo informe ofrece el contexto que casi nunca se menciona: esos 154.000 millones de dólares representan menos del 1% de todo el volumen de transacciones registradas en la blockchain durante 2025. La inmensa mayoría de la actividad cripto — el otro 99% y más — no tiene nada que ver con actividad ilícita. Y esa aclaración importa.

El dato más relevante para este artículo es otro: la participación de Bitcoin dentro de esa actividad ilícita. En 2020, Bitcoin representaba cerca del 72% de las transacciones cripto vinculadas a actividad ilícita. Para 2025, esa cifra cayó a apenas un 8%, mientras que las stablecoins (criptomonedas llamadas “monedas estables”, las cuales se encuentran ligadas al valor del dólar u otra moneda fiat) pasaron a representar el 84% de esa misma actividad ilícita, frente a apenas 13% en 2020. La moneda preferida del crimen cripto, según los propios datos de la industria, ya no es Bitcoin — y dejó de serlo de forma gradual, año tras año, no de un salto repentino.

Año Bitcoin Ethereum Otros altcoins Stablecoins
2020 ~72% ~8% ~7% ~13%
2021 ~44% ~11% ~11% ~34%
2022 ~19% ~8% ~8% ~65%
2023 ~18% ~6% ~10% ~66%
2024 ~15% ~10% ~8% ~67%
2025 ~8% ~6% ~3% ~83%

Fuente: Chainalysis, Informe de Delitos Cripto 2026 (“Illicit activity by reduced asset, 2020–2025”). Valores aproximados, estimados a partir del gráfico oficial del informe.

El total de actividad cripto ilícita en 2025 alcanzó los 154.000 millones de dólares — un aumento del 162% frente al año anterior — y sigue representando menos del 1% de todo el volumen de transacciones registradas en la blockchain durante ese año.

Si no son los criminales, ¿quién causó el récord de 2025?

Si Bitcoin no explica el aumento del 162% en comparación con 2024 en actividad ilícita, ¿qué lo explica? Chainalysis identifica dos causas principales, y ninguna de las dos tiene que ver con el crimen callejero o el narcotráfico que suele imaginarse cuando se habla de “criminales usando Bitcoin.”

La primera es geopolítica: A7A5, un token respaldado por el rublo ruso, generó por sí solo 93.300 millones de dólares en evasión de sanciones internacionales. Más de la mitad del total ilícito de todo el año. La segunda es ciberseguridad de Estado: hackers vinculados a Corea del Norte robaron 2.020 millones de dólares en criptoactivos durante 2025, un aumento del 51% frente al año anterior, que incluye el robo de 1.500 millones de dólares al exchange Bybit en febrero de 2025 — el mayor robo de criptoactivos registrado hasta ahora.

En otras palabras: el récord de 2025 lo explican principalmente un Estado evadiendo sanciones y otro Estado financiando su régimen con robos cibernéticos a gran escala — no el argumento habitual que se escucha sobre criminales comunes usando Bitcoin para lavar dinero.

Bitcoin en Latinoamérica: lo que muestran los casos reales

La cifra global es una cosa; lo que ocurre en nuestra región es otra, y merece su propio espacio. En julio de 2025, la DEA (Drug Enforcement Administration) incautó 10 millones de dólares en criptoactivos vinculados al Cártel de Sinaloa, en una operación en Miami relacionada con Ovidio Guzmán López, como parte de la llamada “Operation Take Back America.”

Un informe de la unidad de investigación SILIKN, publicado en agosto de 2025, encontró que el lavado de dinero con criptoactivos por parte de cárteles mexicanos (Sinaloa, CJNG) creció un 55,8% en 2025 frente a 2024, impulsado en parte por plataformas con pocos controles de identidad y pagos a proveedores de precursores químicos. La misma investigación señala un dato que vale la pena resaltar: entre 2020 y 2024, la DEA incautó más valor en criptoactivos vinculados al narcotráfico que en efectivo físico — una señal de que el dinero ilícito se está moviendo, y también rastreando, de forma distinta a como se hacía hace una década.

Estos casos son reales y merecen tomarse en serio. Pero vale la pena poner el dato en perspectiva: mientras estos casos ocupan titulares, millones de personas en países como México y Colombia usan Bitcoin de forma completamente legítima, como herramienta frente a la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de sus monedas locales — algo que documentamos con datos oficiales del INEGI y el DANE en nuestros artículos sobre Bitcoin en pesos mexicanos y Bitcoin en pesos colombianos.

¿Entonces, por qué a veces se sigue usando Bitcoin?

Es una pregunta justa: si Bitcoin es tan rastreable, ¿por qué aparece en algunos de estos casos? La respuesta no tiene que ver con que sea difícil de rastrear, sino con una característica distinta del diseño de Bitcoin: nadie puede congelar una billetera (wallet), ni detener una transacción una vez haya sido confirmada en la red. No hay un banco ni un gobierno que pueda bloquear esos fondos. Ni moverlos, a menos que cuenten con la clave privada que demostraría su control y propiedad sobre ellos.

Esa misma propiedad es, para la inmensa mayoría de sus usuarios, una de las principales razones por las que Bitcoin importa. Es la base de la frase “no tus llaves, no tus monedas” que explicamos en detalle en ¿Qué es una wallet o billetera de Bitcoin? — la misma característica que le da a alguien en un país con controles de capital o inflación descontrolada la capacidad de resguardar y utilizar su valor de forma soberana, es, en un número mucho menor de casos, usada también con fines ilícitos.

No poder congelar una cuenta o detener una transacción no es lo mismo que no poder rastrearla. Son dos propiedades distintas del diseño de Bitcoin, y la siguiente sección explica por qué la segunda termina pesando más que la primera a la hora de atrapar a alguien.

¿Por qué Bitcoin es un mal lugar para esconder dinero?

La cadena de bloques (blockchain) de Bitcoin es un registro público, permanente y prácticamente imposible de alterar de forma retroactiva. Cada transacción realizada desde el primer bloque, minado en enero de 2009, sigue siendo visible para cualquier persona en el mundo. Esa transparencia es, precisamente, lo que hace posible que firmas como Chainalysis existan como industria.

El caso de Silk Road que mencionamos antes es el primer ejemplo de esto a gran escala: el FBI no encontró los fondos de Ulbricht porque Bitcoin fuera fácil de esconder, sino porque pudo seguir el rastro público de esas transacciones hasta eventualmente ligarlas a él, una vez que obtuvieron acceso a su computadora personal. Casi 12 años después, el patrón se repitió a una escala mucho mayor: en octubre de 2025, el Departamento de Justicia de Estados Unidos incautó aproximadamente 127.271 BTC —cerca de 15.000 millones de dólares— de una red de estafas conocidas como “pig butchering”, con sede en Camboya y vinculada a Chen Zhi, del grupo Prince Holding Group. Esta fue, hasta ahora, la mayor confiscación de criptoactivos en la historia del Departamento de Justicia.

Ninguno de los dos casos habría sido posible sobre un sistema financiero verdaderamente opaco. Es la misma propiedad —un libro contable público que nadie controla ni puede editar— la que, en ambos casos, dejó un rastro mucho más grande del que cualquier actor ilícito querría dejar. Por eso, entre todas las opciones disponibles, la red de Bitcoin está lejos de ser la mejor si el objetivo es esconder dinero.

El panorama completo: cripto vs. el sistema financiero tradicional

Hay un último número que rara vez se menciona en esta conversación, y probablemente sea el más importante de todos. Según estimaciones del UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), entre el 2% y el 5% del PIB mundial se lava cada año a través de canales financieros — una cifra estimada entre 800.000 millones y 2 billones de dólares. El Fondo Monetario Internacional respalda un rango similar, de entre 3% y 5% del PIB global, desde hace ya varias décadas. La mayor parte de ese dinero se mueve a través de bancos, transportistas de efectivo, empresas fachada y esquemas de comercio internacional — no a través de blockchains públicas.

Sistema Estimado lavado por año
Sistema financiero tradicional (bancos, efectivo, empresas fachada — UNODC/FMI) $800.000 millones – $2 billones (2%–5% del PIB mundial)
Toda la actividad cripto ilícita en 2025 (Chainalysis) $154.000 millones
De ese total cripto, la parte que corresponde a Bitcoin ~8% de los $154.000 millones

Fuente: UNODC (2011) · Chainalysis, Informe de Delitos Cripto 2026

Puesto uno al lado del otro, el contraste es directo: los 154.000 millones de dólares en actividad cripto ilícita de todo 2025 —de los cuales Bitcoin explica solo una fracción del 8%— equivalen, en el mejor de los casos, a una porción menor incluso del extremo más bajo de lo que se estima que se lava cada año únicamente a través del sistema financiero tradicional. El sistema que rara vez es señalado como “la moneda de los criminales” es, según estas mismas estimaciones de fuentes oficiales, donde aún se mueve la mayor parte del dinero ilícito del mundo.

Conclusión

Los datos disponibles no sostienen la idea de que Bitcoin sea, ante todo, una herramienta para el crimen. Dentro del propio ecosistema cripto, su participación en actividad ilícita ha caído de forma sostenida; y cuando aparece en casos reales, suele deberse a las mismas propiedades — autocustodia, resistencia a la censura — que le dan a millones de personas control real sobre su dinero; y el total de esa actividad ilícita cripto sigue siendo una fracción pequeña de lo que se estima que se lava cada año a través del sistema financiero tradicional. Como en ¿Es Bitcoin un esquema Ponzi?, la conclusión no depende de nuestra palabra: cada cifra en este artículo tiene una fuente pública y verificable. Te invitamos a revisarlas y sacar tu propia conclusión al respecto.


¿Quieres seguir aprendiendo sobre Bitcoin?

📩 Suscríbete a Bitcoin: La Señal — nuestra newsletter semanal gratuita. Los eventos y noticias más relevantes del mundo Bitcoin, explicados en español, con contexto y perspectiva real. Ir a La Señal →

📺 Visita nuestro canal de YouTube para más contenido en video sobre Bitcoin. Ver en YouTube →

Scroll to Top